El desbande de la social democracia exportada por Europa a los países hispanos es tal, que desde hace 5 años, se acuña el rótulo de “gobierno y gestión ciudadano-céntrica”. Esta barbaridad, de moda entre los militontos y los mercenarios, cala en profundidad.

Nadie puede llamarse a engaño, la responsabilidad de la marcha del país, no excluye a los ciudadanos. No son espectadores externos, sino co-responsables de la ausencia de democracia, justicia y la mediocridad.

Hacer un gobierno a la medida de cada ciudadano (ciudadano-céntrico), es ridículo y demagógico, y además, no es peronista. Al ciudadano hay que exigirle que deje de ser cómplice y egoísta, que busque imaginar el medio y largo plazo, el propio y de su familia, como unidad básica y el de la comunidad (familia extensiva), avocado una vez más a otra crisis, no solo de la economía sino de la convivencia mutua, el ciudadano argentino, no solo ha de reclamar derechos, sino leer la constitución y cumplir con sus deberes. El bien común es un deber para las Instituciones, y también para los ciudadanos.