El asesinato terrorista como método político, constituye una fórmula permanente para quienes utilizan la práctica de la violencia. Los terroristas quieren que cunda el miedo, que impere la autocensura, la libertad recortada.

Éste motivo es per se suficiente para posicionarse del lado de la víctima, puesto que la violencia se ejerce contra la comunidad, a la que se amputa un miembro. Todos somos víctimas de esta violencia política, y de tantas muchas otras, motivo por el cual, en vez de reaccionar violentamente, hay que difundir donde y cual es la manzana podrida.

He leído de todo últimamente, a quienes se declaran Nisman y a quienes especulan una justificación reducida de su muerte. Los primeros hacen de Nisman bandera, desconociendo y sin reflexionar sobre lo ocurrido en AMIA. Los otros se subdividen en fracciones, la primera de quienes por violentos justifican la violencia, los segundos que aprovechan para que aflore su antisemitismo, y los últimos que por inescrupulosos hacen de Maquiavelo guía.

Nisman no era solo fiscal, esa era su profesión. Ante todo era un ser, con sus errores y miserias, igual que todos nosotros. Y ello hace que su vida tenga un valor incalculable, sobre la que nadie puede arrogarse el derecho de quitarla.

Las Instituciones argentinas deben una disculpa al pueblo argentino (en particular a la comunidad judía), no ha prevalecido la justicia, y en consecuencia, afloran por exceso y por defecto, posiciones que se polarizan olvidando el justo medio.